21 de enero de 2014

Sin mentiras, ¿quién sería?

Odio cuando hablan de los trastornos alimentarios en clase. El último día la profesora nos dijo que si sospechábamos de alguien que avisáramos inmediatamente. Parece ser que el hospital de la ciudad de al lado tiene una planta dedicada a estos trastornos dónde te aíslan, no te dejan ver ni hablar con nadie, te vigilan las comidas, y por no dejar, no te dejan ni tirar de la cadena sin supervisión.
Mientras decía todo esto yo miraba al suelo, un punto fijo, seria y sin saber que cara poner o como reaccionar sin que se notara lo histérica que estaba. 
Después hablan del TOC. Más odio, más miradas al punto fijo del suelo. Quiero que deje de hablar de eso, de como se médica a la gente que lo sufre y me pongo aún peor. Lo último que haré será tomar una puta pastilla para controlar el TOC. No me fio. No se lo digo a nadie. Tan solo son manías.
El compañero de al lado preguntándome que qué me pasa. 
''-Nada, me aburro''.
Y se da por satisfecho. 
Mi amiga el otro día cuando llevé una camisa con la manga 3/4 y vió que tenía tiritas.
''-Nada, que me hice una herida''.
Y se da por satisfecha.
(Que fácil es engañar a la gente algunas veces).

2 comentarios:

  1. y mejor asi no
    para q estarles dando explicaciones si no van a entender
    ushhhh q impotencia no poder decirle nada a tu profesora porque
    si no te revelarias tal cual eres delante de ellos
    y no merece la pena que eso pase
    un abrazo grande

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  2. Dentro de dos días, tendré que escuchar falacias salidas de boca del orientador del grupo, que no sabe más allá de sus narices (¡Si vieran que gran nariz!)...
    Y como siempre, me quedare sentada en silencio haciendo el mayor esfuerzo para no estallar frente a todos; escuchar alguno que otro comentario molesto y fingir que me pasa por la cara como sí fuese aire puro...

    Mi rostro quizá lo pueda ocultar, pero las marcas en mis manos me delatan...

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